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Sumergíos en el océano de mis palabras – Bahá’u'lláh

Archivo de 23 marzo 2009

Principios Bahá’ís: Educación Universal Obligatoria

Publicado por catinur en marzo 23, 2009

xxxFoto: Terrazas Monte Carmelo – Marco Abrar – www.bahaipictures.com

Principios Bahá’ís: Educación Universal Obligatoria

La educación es necesaria para el desarrollo de aptitudes y talentos potenciales que pueden usarse luego con un espíritu de servicio.

“El hombre es el talismán supremo. Sin embargo, la falta de educación apropiada le ha privado de aquello que inherentemente posee. Por una sola palabra procedente de la boca de Dios, fue llamado a existir; por una palabra más,fue guiado a reconocer la Fuente de su educación; por otra palabra aún, su posición y destino fueron asegurados. El Gran Ser dice: Considerad al hombre como una mina rica en gemas de valor inestimable. Solamente la educación puede hacerle revelar sus tesoros y permitir a la humanidad aprovecharse de esto”. Bahá’u'lláh

“Todos los niños y niñas deben ser instruidos de manera que no quede ni un sólo individuo sin instrucción… A esta instrucción, se debe agregar una profesión o un oficio”. “La educación esencial, y todas las normas de entrenamiento y enseñanza a través del mundo deben llegar a un ajuste y acuerdo; se debe establecer un sistema universal de educación y la base de la ética debe ser igual”.

La educaión, en el sentido que usa Bahá’u'láh la palabra, no se limita al conocimiento que se adquiere solamente en los colegios. Más bien se refiere más ampliamente al desarrolo de las potencialidades de la persona en el servicio a la humanidad. 

“La fuente de toda erudición es el conocimiento de Dios, ¡exaltada sea su Gloria!, y ello no puede ser alcanzado salvo por el conocimiento de su Divina Manifestación.

A través de las Enseñanzas de este Sol de la Verdad, todo hombre avanzará y se desarrollará hasta que alcance el estado en que pueda manifestar todas las fuerzas potenciales con que ha sido dotado su más íntimo ser verdadero. Es con este mismo objetivo que en cada edad y dispensación los Profetas de Dios y Sus Escogidos han aparecido entre los hombres, y han mostrado tal fuerza como la que nace de Dios, y tal poder como sólo el Eterno puede revelar.” Bahá’u'lláh

Además de procurar su propia educación espiritual, que es en esencia el proceso de cumplir el propósito de Dios para el hombre mediante la adquisición de virtudes, el hombre debe buscar el tipo de educación que le capacite para ganarse la vida. Todo bahá’í tiene la obligación de educarse espiritualmente y materialmente, escoger una profesión y esforzarse por distinguirse mediante la excelencia de su trabajo y su actitud de servicio. De esta manera ejemplifica la vida bahá’í y atiende a sus obligaciones económicas.”

“…/la educación mejora la moral de la humanidad, confiere las ventajas de la civilización y eleva al hombre de los grados más bajos al estado de sublimidad (…)  A pesar de que la capacidad individual no es la misma en todos los seres humanos, cada miembro de la raza humana es capaz de educarse”  (…) las santas Manifestaciones de Dios, los Profetas Divinos, son los primeros maestros de la raza humana. Son los educadores universales, y los principios fundamentales que han proclamado son las causas y los factores de adelanto de las naciones”.  Abdu’l-Bahá

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Eliminación de los extremos de riqueza y pobreza

Publicado por catinur en marzo 18, 2009

tierra-santa-por-farideh1Foto: Farideh – Jardines bahá’ís en Haifa

Principios Bahá’ís

Eliminación de los extremos de riqueza y pobreza

Uno de los más importantes principios de la Enseñanza de Bahá’u'lláh es:

El derecho de todo ser humano al pan de cada día, por medio del cual subsiste, o a la equiparación de los medios de subsistencia.

Las medidas para regulizar las condiciones económicas de la gente deberían ser tales que la pobreza desapareciera y que todos, en la medida de lo posible y de acuerdo con su rango y posición, tuvieran su parte de comodidad y bienestar.

Por un lado, vemos entre nosotros a personas que están sobrecargadas de riquezas, y por otro lado, otras desafortunadas que desfallecen por no tener ni qué comer; aquellos que tienen varios palacios imponentes, y otros que no tienen dónde descansar su cabeza. Encontramos a algunos con abundancia de alimentos, exquisitos y costosos; mientras que otros apenas pueden conseguir un mendrugo para mantenerse con vida. Mientras unos se visten con terciopelos, pieles y delicado lino, otros sólo tienen prendas miserables, pobres y ligeras con las que protegerse del frío.

Esta situación es injusta, y debe ser remediada. Pero el remedio deberá emprenderse con sumo cuidado. No puede hacerse de manera que haya absoluta igualdad entre las personas.

¡La igualdad es una quimera! ¡es completamente impracticable! Aun cuando la igualdad se alcanzara, no tendría continuidad, y si su existencia fuese posible, todo el orden del mundo sería destruído. La ley del orden debe existir siempre en el mundo de la humanidad. Éste es un decreto divino aplicado a la creación del ser humano.

Algunos tienen una gran inteligencia, otros tienen una inteligencia común, y otros están desprovistos de intelecto. entre estas tres clases de individuos existe un orden, pero no una igualdad. ¿Cómo podría ser que la sabiduría y la necedad fueran iguales? La humanidad, como un gran ejército, necesita un general, capitanes, suboficiales de todos los grados, y también soldados, cada uno con sus deberes señalados. los grados son absolutamente necesarios para asegurar una organización ordenada. Un ejército no podría componerse solamente de generales, o de capitanes, o tan sólo de soldados sin ninguna autoridad. El resultado de un plan semejante, sin duda, sería que el desorden y la desmoralización se apoderarían de todo el ejército.

El rey Licurgo, el filósofo, formuló un gran plan para igualar a los ciudadanos de Esparta; con su propio sacrificio personal y gran sabiduría comenzó el experimento. Entonces, el rey convocó al pueblo de su reino y les hizo jurar que mantendrían el mismo sistema de gobierno en caso de que él dejara el país, y que además no harían nada por alterarlo hasta su regreso. Habiendo asegurado este juramento, dejó su reino de Esparta y jamás regresó. Licurgo abandonó su puesto, renunciando a su elevado rango, pensando que lograría el bienestar permanente de su país por medio de la igualdad de los bienes y las condiciones de vida en su reino. Todo el sacrificio personal del rey fue vano. El gran experimento fracasó. Después de algún tiempo todo fue destruído, y la constitución, tan cuidadosamente elaborada, llegó a su fin.

La futilidad de tal proyecto quedó demostrada, y la imposibilidad de alcanzar iguales condicones de vida fue proclamada en el antiguo reino de Esparta. En nuestros días, cualquier intento semejante estaría igualmente condenado al fracaso.

Verdaderamente, habiendo algunos enormemente ricos y otros lamentablemente pobres, es necesaria una organización para regular y mejorar tal estado de cosas. Es importante limitar la riqueza, como también es importante limitar la pobreza. Ninguno de los dos extremos es bueno. Lo más deseable es asentarse en un término medio. Si es justo que un capitalista posea una gran fortuna, es igualmente justo que sus trabajadores tengan los medios suficientes para vivir.

No debería existir un financiero con una colosal riqueza mientras cerca de él haya alguien en extrema necesidad. Cuando vemos que la pobreza alcanza los límites del hambre, es un signo seguro de que en alguna parte existe tiranía. La humanidad debe implicarse de lleno en este asunto, y no demorar por más tiempo la modificación de las condiciones que causan la miseria de la tiranía de la pobreza a un gran número de personas. Los ricos deben dar una parte de su abundancia, deben enternecer su corazón y cultivar una inteligencia compasiva, pensando en aquellos infelices que carecen de lo más necesario para la vida.

Deberán establecerse leyes especiales, que traten de las condiciones extremas de riqueza y de pobreza. Los funcionarios del gobierno deberían tener en cuenta las leyes de Dios cuando formulen planes para gobernar al pueblo. Los derechos universales de la humanidad deben ser protegidos y preservados.

Los gobiernos de los distintos países deberán ajustarse a la Ley Divina, que otorga igual justicia a todos. Ésta es la única manera de abolir la deplorable futilidad de la riqueza exagerada, así como la miserable, desmoralizante y degradante pobreza. Hasta que esto no sea un hecho, no se habrá obedecido la ley de Dios.

Abdu’l-Bahá – Conferencias de París – 1911

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Igualdad de derechos y oportunidades para hombres y mujeres

Publicado por catinur en marzo 2, 2009

adelfasFoto: Marco Abrar -www.bahaipictures.com

Principios Bahá’ís

Igualdad de derechos y oportunidades para hombres y la mujeres

Dios ha creado a todas las criaturas en parejas. El ser humano, la bestia o los vegetales, todo en estos tres reinos es de dos sexos, y entre ambos existe igualdad absoluta.

En el mundo vegetal existen plantas macho y plantas hembra, tienen iguales derechos que comparten por igual la belleza de su especie; aunque en verdad, el árbol que produce frutos podría decirse que es superior al que no los produce.

En el reino animal vemos que el macho y la hembra tienen iguales derechos, y que cada uno de ellos participa de los beneficios de su clase.

Ahora bien, en los dos reinos inferiores de la naturaleza hemos visto que no se plantea la cuestión de la superioridad de un sexo sobre el otro. En el mundo de la humanidad encontramos una gran diferencia; el sexo femenino es tratado como si fuese inferior, y no se le conceden los mismos derechos y privilegios. Esta condición no es debida a la naturaleza, sino a la educación. En la Creación Divina no existe tal distinción. A la vista de Dios, ningún sexo es superior al otro. ¿Por qué, entonces, un sexo debe afirmar la inferioridad del otro, adjudicándose derechos y privilegios como si Dios les hubiese concedido Su autoridad para tal modo de actuar? Si las mujeres recibieran las mismas oportunidades educativas que los hombres, el resultado demostraría la igualdad de capacidades de ambos para la adquisición del saber.

En ciertos aspectos, la mujer es superior al hombre. Posee un corazón más tierno, es más receptiva y su intuición es más intensa.

No se puede negar que, en varios sentidos, la mujer actualmente está más atrasada que el hombre, pero esta inferioridad temporal se debe a la falta de oportunidades educativas. En las necesidades de la vida, la mujer posee un instinto más poderoso que el del homre, pues él le debe a ella su propia existencia.

Si la madre es educada, entonces sus hijos serán bien instruidos. Si la madre es sabia, entonces sus hijos serán guiados hacia el camino de sabiduría. Si la madre es religiosa, enseñará a sus hijos cómo deben amar a Dios. Si la madre tiene moral, guiará a sus pequeños por los senderos de la rectitud.

Es evidente, entonces, que las generaciones futuras dependen de las madres de hoy. ¿No es ésta una responsabilidad vital para la mujer? ¿No necesita todas las ventajas posibles para capacitarse para semejante tarea?

Por consiguiente, con seguridad no agrada a Dios que un instrumento tan importante como es la mujer sufra de falta de instrucción, tan necesaria para el logro de la deseada perfección, indispensable para la gran obra de su vida. La Justicia Divina demanda que los derechos de ambos sexos sean igualmente respetados, puesto que ninguno de ellos es superior al otro ante los ojos del Cielo. La dignidad ante Dios no depende del sexo, sino de la puerza y luminosidad del corazón. ¡Las virtudes humanas pertenecen a todos por igual!

La mujer deberá esforzarse, pues, por alcanzar la mayor perfección, por ser igual al hombre en todos los aspectos, por progresar en todo aquello en lo que ha estado postergada para que el hombre se vea obligado a reconocer su igualdad en capacidad y logros.

En Europa, las mujeres han realizado mayores progresos que en Oriente, pero ¡aún hay mucho por hacer! Cuando los estudiantes llegan al término del año escolar se realiza un examen, cuyo resultado determina el conocimiento y capacidad de cada estudiante. De igual modo ocurrirá con la mujer; sus acciones demostrarán su poder, sin necesidad de proclamarlo con palabras.

Es mi esperanza que las mujeres de Oriente, así como sus hermanas de Occidente, progresen con rapidez hasta que la humanidad alcance la perfección.

La Munificencia de Dios es para todos y proporciona poder para todo progreso. Cuando los hombres reconozcan la igualdad de las mujeres no será necesario que ellas luchen por sus derechos. Uno de los principios de Bahá’u'lláh es, por tanto, la igualdad de sexos.

Las mujeres deben hacer el mayor esfuerzo por adquirir poder espiritual y por desarrollar las virtudes de la sabiduría y la santidad hasta que su entendimiento y su esfuerzo logren la unidad del género humano. ¡Deben trabajar con vehemente entusiasmo para difundir la enseñanza de Bahá’u'lláh entre los pueblos, para que la radiante luz de la Divina Minificencia abrace las almas de todas las naciones del mundo!

Abdu’l-Bahá -Conferencias de París 1911

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